sábado, 19 de septiembre de 2009

Fortuito futuro

La luna aclamaba un poco de atención, mientras los pájaros entonaban un cantico glorioso y la espesa niebla se paseaba delante de mí contoneandose. Todo en general era perfecto, la noche ideal para cualquier pareja de enamorados.

No tenía miedo, el cementério había sido mi hogar desde que tengo memoria. Solía sentarme en las lápida y mirar las estrellas, e incluso contaba histórias de amor, las cuales solo escuchaban los espíritus encerrados en aquel lugar. Todo allí tenía su encanto, las flores amrchitas significaban que alguien había estado allí y recordaban a sus familiares y amigos. Los espesos y muertos helechos adornaban un lugar donde la vida no tiene sitio.

Estaba caminando pensando que en cualquier momento él podría aparecer y decirme lo hermosa que me encontraba esta noche, o lo cautivadores que eran mis ojos. Él era todo un galán, un perfecto caballero, hombre que toda mujer desea tener para toda la eternidad.

De repente alguien me tapó los ojos y me susurró al oido:

-Si sumas todas las estrellas del cielo, todos los granitos de arena en los océanos, todas las rosas en el mundo y todas las sonrisas que haya habido en la historia del mundo, empezarás a tener una idea de cuánto te quiero.

Me dí la vuelta, deseando encontrarme con sus ojos, con su boca, con él. Estába deseosa de besarlo, acariciarlo...

-Yo también te quiero- le dije, y sin pensarmelo dos veces lo besé. Mis manos estaban en su pelo, mientras que las suyas me sujetaban la cintura. El beso duró lo suficiente como para dejarme sin respiración, un beso largo y apasionado. Sus ojos segian mirandome fijamente, con el mismo ardor que el primer día, con cariño y respeto, afecto y amor, sutileza y picardía.

-¿Te apetece dar una vuelta?- me preguntó agarrando fuertemente la mano y besandola gentilmente.

-Claro- esa fue mi única repuesta. Incluso después de los años que llevabamos seguía siendo la misma tonta que el primer día. Lor nérvios me comían por dentro y por fuera. Las piernas me temblaban y las manos me sudaban, me salía la risa tonta de una adolescente enamorada y jugaba con mechones de mi pelo.

-Desde que te conocí supe que eras especial, muy especial. Y que acabaríamos juntos de una forma u otra. Ellos lo dijeron, y tenían razón.-una risa salió de sus labios, y a mi me dió un esclofrío. ¿De quienes estaba hablando?

-¿A quién te refieres con ellos?- pregunté mientras me paraba y sentaba en una lápida.

-Vaya que despistado. ¿no te había dicho nada de ellos?. Bueno mejor, así no hay problemas.-Estaba empezando a tener miedo, ¿a que se refería con todo eso?
-Me estás asustando, ¿podriás explicarte mejor?- le pregunté con la voz temblorosa por el miedo. Mis manos no sabían donde meterse, el sudos se escurría por ellas.

-Tranquila amor, pronto los conocerás- al decir eso, se aproximó a mi y depositó un dulce beso en mis labios.- muy pronto.

Ese último susurro me dejó sin aliento.

Pasamos el resto de la tarde en aquel cementério, paseando y contemplando el paisaje. No volvimos a hablar, ni a comentar nada respecto a ellos .

Cuándo fui a despedirme de él, dandole el últmos beso. Me sujeto con una fuerza sobrehumana, mientras profundizaba el beso, nuestras lenguas bailaban al ritmo de una hermosa música proveniente del mausoleo. Me quería separar de él, pero no podía. Aun seguía besandome. Abrí los ojos y me encontré con algo irreal.

Las ropas le habían cambiado a un traje negro, sus facciones se habían tornado duras y espectrales. Una tez más blanquecina azotaba su rostro.
Cuándo abrió los ojos me llevé la mayor sorpresa, ya no eran de un color marron chocolate, sino un rojo fuego, rojo pasión.

Él dejó de besarme y me arrastró hacia el mausoleo, no tuvo que hacer fuerza, ni se inmutó cuándo mis pies dejaron de rozar el suelo.

-Vamos cariño, todos nos esperan dentro- su voz destilaba sarcasmo puro, mientras las carcajadas salían a borbotones de su boca.

Yo siempre he sido una chica valiente, pero en este instante solo quería esconderme debajo de una piedra para no salir jamás. Un miedo que recorría todo mi cuerpo de arriba abajo. Temblaba como si de cañamo se tratára y fuera una frágil hoja movida por el viento. Las olas del mar hacían el mismo movimiento que yo, estábamos en sintonía.

Cuándo abrió la puerta del mausoleo, lo vi todo claro.

Él quería matarme. Allí junto a un gran altar se encontraban un grupo de gente encapuchada con trajes de monje. Las velas cubrían la mayor parte del lugar. Los colores rojo y naranja en su mayor parte estában en todas las prendas y objetos.

-Vaya, llevamos mucho tiempo esperandote. ¿Has tardado mucho no crees Nareth?- ¿Nareth? ¿Quién diablos es Nareth?- Bueno niña veo que no entiendes nada. Así que será mejor que lo simplifiquemos todo y acabemos de una vez por todas.

Miré a mi costado y ví que él ya no estába ahí, sino con el hombre que me hablaba.

- Mira, nosotros venimos de un lugar al cual tu vas a ir ahora mismo. Se llama infierno, - al decir eso los demás se hecharon a reir mientras lágrimas caían por mis mejillas.- no lo tomes a mal. Pero necesitamos un alma para poder terminar nuestro cometido y que el jefe no se enfade querída. Siento que hayas tenido que creer qué él estaba enamorada de tí, pero así son las cosas.

Unos fuertes brazos me llevaron hacia el altal y me tumbaron, yo no podía hacer nada más que llorar por la vil mentira que me había creido durante años..

- Espero que no estes molesta con nosotros, solo cumplimos ordenes y tu aparecistes en el momento menos indicado.

Estética, sin poder mover ni un solo músculo, no podía hablar, nada. No podía hacer nada. Solamente cerré mis ojos y un puñal se clavo en mi corazón. Todo lo demás lo vi desde otra perspectiva. ¿Tal vez el cielo?. Puede ser.

Ellos seguían sacandole la sangre a mi cuerpo y vertiendolo en un cubo. Cuándo la policia entró y empezó a disparar. Todo se volvió confuso, esto no debía estár sucediendo. Yo tenía que estár en mi casa, feliz de recordar el momento del beso con mi amor. No muerta.

Las lágrimas ya no salían, no tenía cuerpo, solo un alma flotando en el aire sin ser visto.

Una mano se posó en mis cabellos y me dijo:

-Esto es lo que te deparaba el futuro, una muerte. Pero no te preocupes porque yo cuidaré de tí. No volverás a pasar miedo, ni tendrás que sufrir por amor, lo mio es verdadero. Desde el día en que pusistes tus pies en la tierra supe que eras mi otra mitad, la luz de mi existencia. Todo por lo cual he luchado. Cada vez que te veia llorar se me partía el alma, quería bajar y abrazarte, besarte, consolarte. Pero no podía dejar que me vieras, tenía que cuidar de tí desde los cielos. Ese maldito día que te encontrastes con él, me maldije por no a verlo matado cuándo tuve oportunidad. Pero no puede. Y te ha hecho daño a tí, a la persona que mas amo en este mundo, a la única. Si no quieres verme, si me deseas lo peor lo entenderé ya que no he sido lo suficientemente bueno para tí. Solo quiero que seas feliz.

Todo eso que me estaba diciendo, me dejó petrificada. Él era un ángel y se había enamorado de mi y me cuidaba desde el cielo, ¿pero qué estába diciendo?.

Me dí la vuelta y lo ví. Blanco como la cal, hermoso como la mejor puesta de sol, dulce como un caramelo, resplandeciente como el sol. Su cara, su cuerpo, su todo era perfecto. Sus...alas. Era un ángel de verdad y me qería, era lo único que me bastaba para volver a ser feliz. Saber que alguien me quería y no iba a defarudarme.

Su cara se torno triste de repente al ver mi indecisión, no podía verlo así. Él que tanto había dado por mi. Él era mi angel de la guarda.

Toqué su frágil rostro con mis manos, era fresco como el campo, realmente hermoso. Era la viva imagen de la perfección.
Una sonrísa salío de mis labios y su rostro se volvio a iluminar como el ángel que era. Un ángel nunca puede estár triste.

Nuestars manos, tocaban nuestars caras como si nos conocieramos desde siempre, la añoranza se apoderaba de nuestros cuerpos respondiendo por sí solos. Sus labios se hacercaron a los mios y se fundieron en un dulce beso. En ese instante me desplome en sus brazos.

Cuándo desperté estaba tumbada en una comoda cama color blanco, al igual que todo lo que lo rodeaba. Era tal vez la habitación de una princesa, pero... ¿que hacía yo allí? Me levanté y vi que mis ropas habían sido cambiadas por un magnifico vestido blanco de seda natural. No me lo podía creer. Fui directamente hacia el espejo y ahi comprendí todo.

Yo era un ángel.

Mis alas se asomaban por detrás de mi cuerpo, era hermosa por una vez en la vida. Y todo esto gracias a una muerte no deseada. Como podía agradecerle el sentirme bien al maldito bastardo que me mintió. Simplemente no podía.

-Estás hermosa como siempre- dijo un a voz proveniente de la puerta. Era mi ángel.

Me dirigí hacia el y lo besé. Él respondío al beso dulcemente. Me tendió la mano y me saco hacia fuera de la habitación. Y allí estaba. EN el cielo, junto a la persona que me amaba y me cuidaba. Todos mis seres querídos. Nada era comparable con el sentimiento que tenía en esos momentos. Pura felicidad.

- Te amo- me dijo mientras mirabamos el mejor lugar existe.

- Yo también te amo- le respondí mientras formabamos un futuro.

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