Lisabeth estába sentada en la cama, observando la blanca pared que se encontraba en frente, sin ningún decorado en ella, solamente un blanco pulcro que destelleaba.
Se acordaba de su familia, sus amigos, su casa, todos sus bienes más preciados, de todo lo que en su vida normal la rodeaba y lo que nunca más lo hará.
Su último día en aquel lugar se estába hacercando, su buen comportamiento y muchas mordídas de lenua la ayudaron a que su tiempo allí se acortára, ya le quedaba menos, mucho menos.
Pensaba en como iba a empezar su nueva vida, lejos de todo su pasado, donde nadie puediera reconocerla y no la trataran como una loca.
La puerta de la habitación se abrió y un hombre con gafas y bata de medico se hacercó a ella, sigilosamente para que no lo oyera.
-¿Porque siempre intentas lo mismo, si sabes que se cuándo entras?-ella segía mirando la pared fijamente, sin despegar sus ojos de ahí.
-Aun no se como lo haces, pero eres increible, es una pena que vayas a irte tan pronto.-le pusó una mano en el hombro mientras la miraba cariñosamente como nunca nadie lo había hecho.
-Yo también te hechare de menos, pero es lo que quiero y si tu les dices que todo va bien, me soltaran...
-Sabes que aun no estás bien, pero si tu crees que es lo mejor para olvidar todo el pasado, adelante, yo no voy a retenerte.-ella se levantó y le dio un fuerte abrazó. Él escucho en un leve susurro un "gracias" por parte de ella. La cual se dirigía ya hacia la puerta.
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